21 ago 2014

Mírame, aunque sea mentira

«Hoy la he visto [...]
y me ha mirado... 
¡Hoy creo en Dios!»
Gustavo Adolfo Bécquer

Solías sonreír de aquel modo.
Sonreías por todo con una sonrisa imposible,
con más dientes de los que podría contar
uno     a     uno     a     uno                con mi lengua.

Los ojitos te brillaban de inocencia,
pero yo sabía que no sonreían con tu boca,
que arrastraban la pena lágrima a lágrima.

Y en el sedimento de tu mirada me perdía,
turista ocasional de tus labios
en mi imaginación adolesciente.

Buscaba tu mirada con la mía
desde el otro extremo del aula,
el patio, el autobús, el metro           ...          Madrid entero.

Pero tú nunca mirabas
—o no como yo habría deseado—,
a pesar de que mis ojos insistían:
«Mírame, aunque sea mentira».

24 jul 2014

Me gustan los libros cedidos.
Me gustan los libros usados.

Me gusta gastarlos
y que me gasten.
Sentirme dominado.

Me gustan los libros curtidos
en mil lecturas/batallas
, de ésos que no sabes si son aliados o enemigos.

Me gustan los libros manchados
café, tabaco... eso ni sé lo que es
de mis ojos cansados;
cada página, un recuerdo olvidado.

10 jul 2014

Ante meridiem

No estoy segura de por qué tuviste que hacer todo aquello.

—No bastaba con matarte. Tenía que hacerte mía.

—Las personas no pueden tener un dueño. No somos animales.

—Oh, pero nos pasamos la vida domesticándonos los unos a los otros. Sufrimos un irrefrenable afán de posesión; hablamos de 'mi novia', 'mis padres'... ¡hasta 'mi peluquero'!

—Y «la maté porque era mía».

—No, no, no. La maté para que fuera mía.

—¿Qué hay del sexo?

—Efímero, como todos los sentimientos.

—¿Por qué devoraste mis ojos?

—Para ver lo que habías vivido.

—¿Por qué devoraste mi lengua?

—Para decir lo que nunca te atreviste.

—¿Por qué devoraste mi corazón?

—Para sentir... Sólo para sentir.

—¿Y qué sientes?

—No siento nada.

25 jun 2014

Lieberknecht

«Ich liebe dich weil du mir wichtiger bist
als die warmen und bunten Töne
der Abenddämmerung»
Ángel Mackeltar (trad. de Vidyadevi)


Porque no existen atardeceres tan cálidos y coloridos
desde que te has ido
y tu ausencia, ominosa,
me pesa en el pecho.


«Te hiero mucho»,
creí entender cuando te marchaste.

Podrías haber usado cualquier otro idioma y no estaría aquí,
pensando en esas tres palabras.

«Te hiero mucho».


Maldigo aquella erre que te impidió ser siervo del amor,
sino más bien siervo, Lieberknecht.

18 jun 2014

Y-O-U

It had to be you.
Why oh you?