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16 ago 2010

Él

Te encuentras lejos y donde debería estar mi corazón sólo hay un vacío inexpugnable que me hace temblar y llevarme la mano a mi dolorido pecho mientras me pregunto por qué.

Las tardes de diversión se arremolinan en mi mente, obnubilándola con imágenes tiernas y tentadoras: un roce furtivo, una mirada discreta, una sonrisa cómplice o un simple guiño pícaro; una caricia oculta, un abrazo a oscuras o un suave y fugaz beso en el que siento desvanecerse mi mundo mientras tu lengua se deshace en mi boca como el más exquisito de los caramelos y mi alma pena de agonía.

Tú y yo, seres de mundos tan sumamente distintos, sutiles perros falderos el uno del otro, unidos por algo a medio camino entre el amor puro e inocente y la pasión más puramente viciosa y ardiente. Nos ocultamos a plena luz con pullas, luchas e insultos, aun cuando la atenta mirada pueda captar los destellos —las chispas de una tensión sexual no resuelta— que la luna límpida revela, mostrando la esencia verdadera de nuestras almas cuando tu fría indiferencia se esfuma en un haz de luz plateada que nos descubre intercambiando besos de amantes.

Llegados a este punto, me cuestiono cómo llegamos a esto y el recuerdo de aquella noche de verano en la playa me embarga con el agridulce aroma del secretismo. Aún éramos unos chiquillos, ¿y qué? Había cariño. Había atracción. Y, sobre todo, había voluntad. El único ingrediente restante fue una fría mañana de Semana Santa cuya niebla vela todavía los primeros besos fogosos que algún día culminarían en nuestros cuerpos desnudos bamboleándose en un frenético vaivén de sudor, placer y también mentiras.

Pero ahora te encuentras lejos de mí y la distancia se me antoja nimia comparada con el invisible abismo que nos separa. Quizá en otra ocasión. Quizá en otra vida.

Camarero, la cuenta.

20 ene 2010

De esperpentos en la sombra

Como niebla espesa
entre sombras de ensueño
se deslizan cual sueño
ilusiones funestas.

Una figura marcha
y lenta avanza.
No camina, sino danza
entre rocío y escarcha.

¡Un dos, un dos!
¡Y zis y zas!
Avanza más
sin miedo en voz.

Que este asalto lo gana vos
no lo discuta ni el propio Dios.

12 dic 2009

La búsqueda de la luz

Te despiertas en un lugar desconocido y, mientras te incorporas con un terrible dolor de cabeza, te agarras al pasamanos e intentas discernir dónde te encuentras. Está oscuro y la vieja madera ennegrecida de las empinadas escaleras cruje lastimeramente de forma intermitente. Miras a tu alrededor y te ves a ti mismo absorbido por la más absoluta oscuridad. Un espejo. Te acercas lentamente, a la par que tu doble, y juntáis las palmas de las manos. Está frío. No reconoces los antiguos muebles de aspecto valioso. Es una casa, sin duda. Y es grande. “Y húmeda” piensas con un escalofrío. Sientes la irrefrenable necesidad de preguntar: “¿Hay alguien ahí?. Silencio. El eco reverbera en la negrura de los pasillos enmoquetados. “¡Eco! repite tu imitador sonoro justo después de ti. Un último intento. “¡Beetlejuice, Beetlejuice, Beetlejuice!”. No ocurre nada. Espera... ¡Humo! No... Son imaginaciones tuyas, la mente empieza a jugarte malas pasadas. Estás solo contigo mismo en un sitio extraño.

Das un paso en dirección opuesta a tu reflejo y la tupida alfombra emite un sonido esponjoso. “¿Es roja o morada?” te preguntas. En realidad, no te importa en absoluto, pero te quedas abstraído intentando dar respuesta a tu inquietud. No se debe al indefinido tono de la alfombra. No, definitivamente te importa un bledo la alfombra. Sigues andando hacia la oscuridad, apreciando fugaces detalles: candelabros y algunos objetos macabros con pinta de ser muy antiguos, del Medievo quizá, que nunca antes habías visto. “La casa es vieja”. Bien, eso era obvio desde un principio. Pero no se te había ocurrido hasta ahora. Te paras y piensas. Es realmente curioso: te encuentras en una mansión antigua y tétrica en medio de la oscuridad: tienes la oportunidad de reflexionar al fin sin distracciones y, sin embargo... el silencio te aterra. ¿Desde cuándo te da miedo estar callado? Necesitas hablar, oír alguna voz, distraerte...

Comienzas a susurrar tonterías para ti mismo en la negrura de los pasillos mientras avanzas lentamente. De repente, interrumpes tu verborrea. Frente a ti acaba de aparecer una puerta con el pomo elaborado enteramente en cristal grabado. Inmenso en tu absurda cháchara con la oscuridad, no te habías dado cuenta de que has llegado al final del pasillo. Miras con gesto pensativo la puerta. ¿Te atreverás a traspasarla? Con un leve temblor extendiéndose por todo tu cuerpo, posas con deliberada lentitud la mano en el frágil pomo y lo giras suavemente. “Abierta, cómo no” susurras con sarcasmo. Un haz de luz se cuela en la estancia. Te asomas temeroso al otro lado y parpadeas, deslumbrado y atónito. “No es posible... No es posible...”.

10 dic 2009

Lamento romántico

La noche cae
y con ella la Luna.
Suenan las campanas
anunciando la una.

El señor Sol
ya se ha despedido.
Luce la Luna
su mejor vestido.

Con tenues rayos
de luz plateada
alumbra los cielos
de noche despejada.


Los grillos afinan
turno por turno
y comienza el diario
concierto nocturno.

Su canto melodioso
tranquiliza el alma:
sosiega el espíritu
y trae la calma.


Contemplo desde mi ventana
el asombroso escenario
mientras el sacerdote concluye
el rito funerario.

¡Qué hermosa es la noche
y qué fugaz es la vida!
pienso mientras lloro
con lágrimas de envidia.

Ojalá ella pudiera
disfrutarlo conmigo.
Ojalá ella hubiera
alguna vez existido.