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11 oct 2011

A todos mis amantes

Abrir los ojos con cara de loco
 y tomar el aire poquito a poco.
Ir hacia la percha a coger el sombrero,
 salir y enfrentarse a un mundo entero.

Miro la montaña de juguetes rotos,
antaño fruto de tantos alborotos;
aún río con sorna al mirar ese almacén,
 la última parada de este estúpido tren.


El chicle sin sabor,
el shinigami sin valor,
los bichitos del amor
 que no encontraron calor.

El cordero, ya sabes, degollado,
un cassette rebobinado,
la gélida luz del pasado
que todavía gruñe a mi lado.


La boca sensual, los dientes pequeños...
Sabes que eres el rey de mis sueños.


Dame, dame tus polvos de hada,
que mi alma quiere volar ilusionada.
Dame, dame tu santo y seña
para sellar tus labios con mi contraseña.

Dame tus caricias y tu pasión
y no tus besos de compasión.
Dame sin reservas todo tu amor
y no ese sucedáneo carente de ardor.


La fogata apagada,
la lengua perforada
y aquella mirada
que jamás fue deseada.

La duda marina,
el saco de harina,
la boca cetrina
de esnifar cocaína.


¡Qué bochorno! ¡Qué llorera!
Años perdidos persiguiendo quimeras.

Yo, Ulises; tú, mi sirena.
Que aquí no hay porno (y es una pena).

1 sept 2010

Tardes de cine

Un sencillo gesto y te tendría a mis pies. Con sólo dos palabras doblegaría tu alma y una más bastaría para conquistar tu corazón. Te susurro palabras envenenadas al oído y tú te dejas embriagar por el empalagoso aroma de cada sílaba mientras nos fundimos en uno y entierras tu tierna cabeza en mi pecho sólo para escuchar la cadencia de mi corazón, el ritmo de mi respiración.

Con sólo una mirada sé qué quieres: a mí. Me deseas. Quién sabe si es amor o simple encaprichamiento. Me devuelves la mirada con carita de cordero y te sonrío tranquilizador. Unos ojos tan bonitos no están hechos para llorar, o eso pienso yo.

No hay excusas ni explicaciones para mi actitud. Simplemente es así: estamos tú y yo en tu casa, abrazados como una pareja cualquiera, haciéndonos mimos y poniendo carantoñas. Y tú sonríes. Qué delicia. Tus ojos brillan mientras te acaricio el pelo y el único sonido es el de nuestros alientos acompasados y los latidos acelerados de nuestros corazones.

Sólo un movimiento y nos estaríamos besando. Un roce casual. Un simple giro para atravesar las barreras de lo prohibido. Una caricia invisible. Y tú sabes que no podemos, que no debemos, pero no puedes resistirte a mi encanto, mi perfume, mi canto de sirena. ¿Quién sabe cómo acabará esto? Sólo sé que no es amor. Y sin embargo, lo es…