Atrapado en un mundo de inconsciencia materialista, de infinita ignorancia que, como un agujero negro, nos absorbe el seso y acabamos convertidos en una masa amorfa y heterogénea, estandarizadas nuestras creencias, igualadas nuestras ideas, cohibidos nuestros anhelos.
La censura idiosincrásica de la España autárquica reaparece en nuestro subconsciente para acabar con cualquier brote de ingenio o genialidad y nada de lo poco salvable parece trascendente o provechoso.
Atontados, asistimos contemplativos a la nueva era de la desinformación, en la que el tonto es el rey y el sabio ni existe, porque la sociedad coharta su desarrollo intelectual e impide cualquier tipo de filosofía, no sea que la gente se ponga a pensar y...
Sin cultura, sin educación; sin personalidad ni ideas propias, atrapados en un mundo de inconsciencia materialista, de infinita ignorancia, de estupidez supina. Un mundo corrompido, abandonado, desechado. Un mundo que no es para mí.